Hace unos dias, mientras comenzaba a transitar una situación sumamente injusta y tan habitual en la vida de cualquier ser que habite esta tierra con tanta humanidad haciendo el mal, venian a mi mente como meteoritos, burdas reflexiones , que aun caen en el infinito y vuelven a tomar el ciclo en un sin fin, porque no hay respuestas, no hay soluciones, ni verdades , ni certezas con absolutismos.
En el medio de ese caos en mi cabeza, recordé un juego que me enseño mi abuela Delia, mi hermosa y amada, que me dejó en el alma y en la mente y en todos mis cuerpos un corpus de juegos sencillos, nobles y que siempre considere sanadores, llamense juegos de tradición oral. Recordé..y me di cuenta de la crueldad de uno de ellos.
Esa epoca de infancia donde los cuentos tenian final feliz ( quizás esa era la intencion del mundo adulto para con las niñeces...hacernos creer que los finales "felices" se pensaban en el bien triunfando sobre el mal), donde el universo moderno-colonial ingresaba por nuestros sentidos para impregnar nuestras biografías, donde los entretenimientos en las tardes de lluvia o sol no se conectaban a las tecnologías actuales y los televisores y teléfonos hogareños no abundaban, mi abuela jugaba conmigo "Al Don Pirulero"
Dicta la Inteligencia Artificial: Al Don Pirulero (o Antón Pirulero) es un clásico juego de prendas infantil y tradicional en Argentina, basado en la atención y la mímica. Los jugadores simulan tocar instrumentos mientras cantan, mientras el líder ("Don Pirulero") intenta cambiar de instrumento sin que lo descubran, eliminando a quienes se distraen.
Tengo que decir que era uno de mis preferidos juntos con la Zeta Balleta. Inundada de música e instrumentos en el living de mi abuelo, guitarra, bombo, acordeon, acordeon a piano...tratabamos juntas de concentrarnos y atender el cambio de instrumento entre una y la otra. Es certero, ejercitaba la atención y la mímica. Pero en el fondo, ejercitaba a que cada una de nosotras hicieramos algo distinto, porque si haciamos algo en forma conjunta, había una prenda.
Dicta la inteligencia artificial y el sentido común, que la prenda venía a confirmar quien o quienes perdían y que perdían por distraerse. Pero ¿importaba la ritmica? ¿ era una fortaleza la armonia? si el juego era musical, cantado ¿por qué no tenía sentido la conformacion de un grupo que llegara a ganar el juego en forma conjunta?
En realidad, porque cada quien, solo buscaba no perder. No parecerse al otro, "hacer la suya" .
En tiempos de discursos con hermosas palabras de fortaleza en equipo e individualismo feroz, parece una orden y obligacion, un eco de voces que te avisan que no hay mejor opcion que jugar al Don Pirulero, atendiendo tu juego para que no te caigan mil prendas. Te gritan desde los lugares mas obvios y frivolos , que no te metas, que no intentes armonizar, ni construir con un otrx, porque la clave estará siempre en hacer como si la orquesta desorquestada y con un solo violin, una sola guitarra y un solo piano funcionen alrededor del Pirulin, que esta hambriento de poder decidir a quien jugarle una prenda.
Si supiera mi abuela, que me di cuenta de vieja, que estos juegos arcaicos y coloniales me marcaron la piel. Que siempre voy mas lento en el juego. Que ultimamente siempre soy la que cumple las prendas. Que vivir para atender mi juego no es lo que me gusta. En general, cuando un grupo quiere jugar al Don Pirulero, intenta orquestarse para adular algun instrumento de los que juegan, o afinar todos los instrumentos segun el Pirulin, si el Pirulin se rie, se rien en conjunto, aunque la musica desafine.
Lo bueno es que en la vida aun hay momentos en los que no tenes que jugar al Don Pirulero. Hay espacios en los cuales aún podemos jugar sin esperar una prenda o una burla. Estar en esos espacios cuesta, hay que hacerse un tiempo para descubrirlos. Es como la de cal y de arena.
O bien, despues de 50 años en esta vida que elegi y de la cual debo hacerme cargo con todos sus vaivenes, necesitaré repensar como salirme de los circulos en donde la perversa contradicción no inunde mis ganas de dejar de jugar. Dije en algun lugar de este escrito que los juegos tradicionales eran juegos sanadores....Que concepto tan superficial y ridiculo...La repuesta estaba en elegir que aprender de cada uno de ellos. Aprender por sobre todo y saber que siempre hay algo por descubrir en ese aprendizaje...tambien...aprender a decidir a que queres jugar ..y a que no.